Árboles, un prodigio de la naturaleza

Los árboles nos cautivan

La humanidad se ha sentido cautivada desde tiempos inmemoriales por los bosques y los árboles que los configuran.

Nos cautivan los de porte majestuoso, cuyas ramas se alzan altas hacia el cielo; los de gruesos troncos y anchas copas, que deparan frescas sombras en verano; aquellos que, atrapados en la perpetua rueda de la vida, renuevan anualmente sus hojas, adquiriendo colores y tonalidades cambiantes según las estaciones; los que forman densos bosques húmedos, mágicos y misteriosos, frondosos e impenetrables, que inspiran miedos ancestrales a peligros reales o imaginarios; los que se pueblan de perfumadas, hermosas y fugaces flores estacionales; en definitiva, todos aquellos cuya singularidad los hace mágicos o atractivos.

Árboles primigenios

Hace millones de años, durante el período devónico (aproximadamente entre 354 y 417 millones de años atrás) de la era paleozoica, cuando nuestro planeta estaba habitado exclusivamente por animales invertebrados, unos primitivos árboles ya poblaban amplias extensiones de tierra firme.

Estas plantas, carentes de hojas, que tenian un cierto parecido a las palmeras actuales, eran en realidad los precursores arbóreos de los helechos y del arbusto Equisetum arvense o cola de caballo. Aparte del porte elevado, en poco más se parecían a los árboles modernos. Poseían un tronco hueco, incapaz de soportar el peso de ramas y hojas, pero a finales de ese período geológico aparecieron los primeros árboles propiamente dichos, con una estructura interna que les confería mayor firmeza y permitía la aparición de éstas.

A finales del devónico, grandes bosques colonizaban ya amplias extensiones terrestres que, gracias a que absorbían gran cantidad de CO2 atmosférico (que provocó el enfriamiento del planeta) y desprendían oxígeno (debido al proceso de la fotosíntesis), posibilitaron la aparición de una nueva clase de animales, los vertebrados.

El bosque proveedor

En tiempos remotos, el norte peninsular estaba cubierto de densos y enmarañados bosques en los que el hombre primitivo cazaba y recolectaba sus alimentos; donde se proveía de la leña que mantenía vivo el fuego con el que cocinaba y mitigaba los rigores del inverno, la lumbre que iluminaba las tenebrosas noches, desde cuyas sombras acechaba el peligro; donde obtenía la madera con la que construía sus cabañas y con la que elaboraba multitud de objetos de uso cotidiano; arboledas en las que levantaba altares y adoraba a los dioses y espíritus de la naturaleza.

Ruta del Chorrón. Prado de uso ganadero entre árboles.

Villamayor. Piloña. Principado de Asturias.

Pero estos bosques no fueron siempre los mismos. A lo largo de milenios, la configuración boscosa de estos territorios fue cambiando por la acción natural de las variaciones climáticas, que propiciaron colonizaciones sucesivas de nuevas especies arbóreas que encontraban en éstos las condiciones óptimas para su desarrollo. También por la acción del hombre, que ha ido transformando su entorno según las necesidades del momento, a medida que progresaba hacia nuevas formas de vida. Se deforestaron paulatinamente extensas superficies boscosas para usos agrícolas y ganaderos, y se aprovecharon los recursos que éstas ofrecían.

No obstante, muchas de estas masas arbóreas se han preservado hasta hoy en día, bosques que salpican nuestros montes y valles, conformando un paisaje bello y reconfortante.

Hayedos

El haya (en asturiano, "faya" o "jaya") es un árbol caducifolio que configura grandes superficies boscosas en el Principado de Asturias, ocupando el piso montano (el que se encuentra entre los 700 y 1700 metros de altura) .

Hayedo. Ruta a la Braña de las Cadenas.

Teverga. Principado de Asturias.

Las hayas, que prefieren las laderas umbrías y húmedas, pueden alcanzar hasta 40 metros de altura y conforman bosques de tal densidad arbórea que limitan entre un 2 y un 5% la luz que llega al suelo, haciendo muy difícil el desarrollo de otras especies de árboles y arbustos.

En el suelo, bajo las hayas, se acumula gran cantidad de hojarasca y ramas en descomposición, formando un espeso y tupido manto de materia orgánica.

Hayedo.Ruta a la Braña de las Cadenas.

Teverga. Principado de Asturias.

El fruto del haya se llama hayuco ("fayuco"), siendo las cosechas irregulares en cantidad (cada tres o cuatro años la producción es mayor). Este fruto es consumido por los animales del bosque, entre ellos el oso.

La predominancia de los hayedos en los bosques asturianos tuvo lugar hace unos tres mil años, aunque seguramente ya estuvieran presentes, en menor medida, desde mucho antes.

El bosque que nos sustenta

Nuestros antecesores homínidos se alimentaban de una amplia variedad de vegetales, frutos y raices. Ésto les vino bien mientras vivieron en los árboles y en sus proximidades, pero en un momento determinado, en un salto evolutivo sin precedentes, irguiéndose sobre sus extremidades traseras, consiguió conquistar nuevos espacios y complementar la dieta vegetal con carne; primero como carroñeros y luego, como cazadores.

Según algunos estudios, la ingesta de carne proporcionó al hombre primitivo un mayor aporte de calorías en su dieta y modificó su fisonomía facial, con la disminución del tamaño de la mandíbula y los dientes al requerir un menor esfuerzo en la masticación, respecto al necesario en una dieta basada exclusivamente en semillas y plantas.

Los bosques, por tanto, han dado sustento a la especie humana desde los tiempos más remotos, aportando una amplia variedad de frutos, vegetales, hongos, raices y caza; y nosotros seguimos beneficiándonos de todo ello.

Castañas

Bellotas de encina

Serbal silvestre. El fruto resulta algo tóxico en crudo,

pero un excelente recurso para las aves frugívoras.

Son muchas las especies arbóreas que arraigan en nuestras masas forestales, cuyos frutos son comestibles y poseen un notable valor alimenticio:

Estos frutos del bosque han paliado el hambre de muchas personas del entorno rural en épocas de penuria que tan frecuentes han sido en nuestra historia, períodos de malas cosechas y tiempos de guerra y saqueos, en las que el hombre tenía que echarse al monte en busca de sustento. En la actualidad, siguen siendo ampliamente apreciados.

Avellanas verdes

Saúco en flor

Laurel

Nuez del nogal

La madera que alimenta el hogar

El descubrimiento del fuego fue un hito fundamental en el largo y lento proceso de la evolución humana, y la madera el elemento que mantuvo viva la llama.

La madera de los árboles y arbustos alimentó el fuego que ha calentado y proporcionado luz a nuestros ancestros, desde hace más de un millón y medio de años.

Además de calor y lumbre, el fuego proporcionó protección al hombre primitivo, utilizándolo para ahuyentar a las bestias depredadoras, y permitió elaborar mejores armas defensivas y de caza (la punta de las lanzas y flechas se endurecía aplicándole calor). El dominio de la producción del fuego posibilitó también los desplazamientos y la colonización de nuevos territorios, ya que no se dependía de los fenómenos naturales para su obtención.

Pero, probablemente, el efecto más importante fue su aplicación al guisado de los alimentos (consumidos crudos hasta entonces), que produjo un incremento de las calorías ingeridas para una misma cantidad de carne. Esto determinó que el cerebro fuera aumentando paulatinamente de tamaño, facultando al ser humano de las capacidades de razonar y ser creativo, que harían posible los sucesivos avances técnicos y la aparición de las manifestaciones artísticas y religiosas.

Construir con madera

Tejo milenario de Bermiego.

Concejo de Quirós.

Principado de Asturias.

Ruta del Chorrón. Abedules.

Villamayor. Piloña.

Principado de Asturias.

Ruta del Chorrón. Castaño.

Villamayor. Piloña.

Principado de Asturias.

Con la madera extraida de los bosques, se ha construido y elaborado todo tipo de estructuras y objetos de uso cotidiano:

Rioseco. Sobrescobio. Principado de Asturias.

La casa típica asturiana

La abundancia de bosques en las tierras asturianas, hacía de la madera un importante material de construcción, no solamente para las casas rurales sino también para las viviendas urbanas.

Inicialmente, la mayoría de las casas eran casi exclusivamente de madera, para, en épocas posteriores, evolucionar a modelos de vivienda donde se conjugaban la mampostería y los sillares para los muros, y la madera para las vigas y pilares, los armazones y entablados de suelos y techumbres, los corredores, las ventanas y puertas, etc.

Por su dureza, durabilidad y abundancia, se utilizaroon profusamente el roble y el castaño.

Riocaliente. Valle de Ardisana. Concejo de Llanes.

El hórreo

Los graneros asturianos se construían de madera casi íntegramente (salvo en los concejos del occidente, donde se fabricaban de piedra). Los pilares sobre los que se sustentan (pegollos) podían ser de madera o de piedra.

Nuevamente, la madera de roble, dura y perdurable, era la elegida para las vigas y la cubierta; y la de castaño, más fácil de trabajar, aunque no menos duradera, para los entablados y cerramientos.

Plantas con química

El conocimiento de las plantas y su aprovechamiento para obtener sustancias con las que elaborar remedios curativos o aplicables a técnicas artesanales, se remonta a la prehistoria.

Son múltiples los elementos obtenidos de los árboles y arbustos presentes en los bosques asturianos. Conozcamos algunos de los compuestos químicos que se pueden obtener de ellos:

Las propiedades sanadoras de las plantas no eran desconocidas por curanderos y chamanes. Mediante la observación, se fueron dando cuenta de que algunas plantas tenían propiedades curativas, que aliviaban los síntomas de ciertas enfermedades, y aprendieron a utilizarlas:

El bosque sagrado

Nuestros antepasados, ignorantes de casi todo lo que contemplaban en la naturaleza y acontecía en su existencia, imaginaron y dieron vida a poderosos dioses, a los que rezaron en busca de protección. Dioses, a veces inmisericordes, que jugaban caprichosamente con su destino y cuya cólera aplacaban con ofrendas y sacrificios, o simplemente dioses cuyas acciones explicaban todo aquello que no entendían. Muchas de estas deidades se asociaron a elementos de la naturaleza, como montañas, rios y árboles.

Multitud de culturas tuvieron en los bosques y árboles sagrados lugares de culto y veneración. Bosques consagrados a los dioses donde, con el devenir del tiempo, levantaron espléndidos santuarios. Árboles vinculados al mito de la creación y árboles sagrados habitados por deidades singulares.

Los Celtas: el carácter sagrado de los árboles

La vida de los pueblos celtas estaba ligada a la naturaleza, en la que se sentían integrados, con la que mantenían un estrecho contacto, y de la que aprovechaban sus recursos naturales.

Los bosques, entre otros elementos de la naturaleza, fueron considerados lugares apropiados para conectar con lo divino. Para los celtas, el carácter sagrado de los árboles provenía de la creencia de que sus frondosas copas y profundas raices ponían en contacto el Cielo con la Tierra; el mundo celestial, origen de poderosas fuerzas, como los relámpagos, que asociaban al plano divino, y el mundo subterráneo, de donde manaban las aguas de los rios, fuentes y lagos sagrados, asociado al inframundo y al plano de la sabiduría de la Tierra. Entre ambos, el tronco del árbol representaba el mundo material, del que obtenían la leña y los alimentos.

Los nemeton celtas

Los celtas llamaban nemeton a sus lugares sagrados de culto. Eran parajes boscosos en los que, en un claro y dirigidos por druidas, se celebraban rituales mágicos y de adivinación, probablemente presididos por un imponente árbol, y en donde seguramente también se impartía justicia.

Santuario de la Virgen de Lugás

En el concejo asturiano de Villaviciosa se encuentra una pequeña iglesia románica rural, Santa María de Lugás, erigida en el siglo XII, probablemente sobre un templo anterior, tal vez no por casualidad en el lugar que ocupaba un robledal sagrado celta.

Paraje rodeado de misterios cuya ubicación, dicta la tradición, fué escogida y transmitida por la Virgen María en una aparición. La tradición popular también refiere la aparición milagrosa de una talla de la Virgen, desenterrada por el arado de un labriego.

Los espacios sagrados de una religión suelen ocupar los de la anterior, sitios cargados de simbolismo y, quién sabe, tal vez de algo más.

Los árboles nos benefician

Miles de hectáreas de bosque, amén de muchas otras de monte bajo y matoral, arden cada año en España. Cada vez que se quema un monte, un número incontable de ejemplares de plantas y animales mueren, y nuestra riqueza natural se ve dramáticamente mermada.

Los incendios fortuitos, por motivos naturales, son frecuentes en la naturaleza, principalmente ocasionados por rayos, pero los más frecuentes hoy en día no son precisamente éstos, sino los provocados intencionadamente o por negligencia en quemas y actividades al aire libre. Éstos últimos, los que llevan detrás la mano del hombre, constituyen un flagrante atentado contra la naturaleza y contra nosotros mismos.

Los bosques son ecosistemas ricos y diversos, que nos aportan múltiples beneficios y que hay que preservar e incrementar a toda costa:

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Publicación: 14 de octubre de 2020