Asturias tiene por gala ser un Paraíso Natural, pero también es un País Mágico donde lo real y lo fantástico se entremezclan en un mismo camino:

El Camín Encantáu

Inicia el camino y hallarás seres fabulosos que te saldrán al encuentro y hermosos paisajes de naturaleza exuberante, unas veces agrestes, otras transformados por la mano del hombre. Caminarás por calzadas transitadas desde tiempos inmemoriales, que te llevarán a pueblos y aldeas de extraordinaria belleza, donde la vida sigue su propia senda.

El Camino Encantado discurre por el Valle de Ardisana, situado en el Concejo asturiano de Llanes, a un paso de la costa y sus magníficas playas, y a dos del Parque Nacional de los Picos de Europa, prodigioso macizo montañoso del norte de España.

El Trasgu

Nuestro camino parte de una reunión de Trasgos, en un lugar llamado La Venta los Probes.

A estos pequeños duendes, de aspecto casi humano, los reconocerás porque van vestidos con blusa y gorro colorados, cojean ligeramente y tienen la palma de la mano izquierda agujereada.

Son traviesos y les encanta gastar bromas pesadas: cuando es de noche, entran en las casa por la chimenea o por una ventana mal cerrada y cambian de sitio los muebles, roban los comestibles de la despensa, juegan a los bolos en el desván o sueltan el ganado del corral.

No es extraño encontrarlos en bosques y caminos, por lo que, amigo caminante, vigila tus pertenencias, no sea que en un descuido ya no las tengas.

Es complicado deshacerse de un Trasgo cuando se ha metido en tu casa; ni siquiera mudándote a una nueva lo conseguirás, pues es fácil que se vaya contigo, detrás.

Para lograrlo, puedes proponerle con cierto disimulo que realice alguna de estas pruebas:

Herido en su orgullo al no conseguir cumplir el reto, no podrá soportar la vergüenza y se largará con viento fresco.

Vigilando tus espaldas, no sea que te sigan de cerca, emprende la marcha por el sendero que bordea las casas y pasa cerca del río. Estira bien las piernas y coge buen ritmo, que cuando cruces la carretera encontrarás un repecho, no vayas a aflojar antes de haber comenzado este periplo.

Ya te he avisado: hay que subir un poquito. Pero míralo por el lado positivo: para poder contemplar el paisaje con una buena perspectiva, es mejor hacerlo desde la altura. ¿que son unos cuantos metros cuesta arriba?.

Mira ahora hacia abajo y verás una antigua tejería.

El teyeru

El de tejero era un oficio que ocupaba a muchos llaniscos y asturianos de otros lugares durante los meses menos fríos del año, y consistía en la producción de ladrillos y tejas de barro cocido.

Llegado el mes de marzo o abril, viajaban a las tierras de Castilla, frecuentemente andando, donde abundaban las tejerías y la mano de obra asturiana era muy apreciada, y no regresaban hasta finalizado el otoño.

Era un trabajo duro ya que por entonces estaba poco mecanizado, las jornadas duraban de sol a sol y se permanecía todo ese tiempo lejos de la familia, durmiendo la mayoría de las veces en improvisados chamizos, sobre jergones de césped o paja. Mientras tanto, las mujeres se quedaban en el pueblo a cargo de los niños, de los animales y de las tareas del campo.

El Sumiciu

Mientras vas caminando, echa el cierre a tu mochila y tus bolsillos, que más allá te espera El Sumiciu. Si luego te falta algo, yo ya te lo he advertido.

Es un pequeño duende aficionado a robar las cosas que le fascinan y, a diferencia del Trasgo, sentirá preferencia por los objetos que más necesitas.

Así que, si no encuentras ese objeto que precisas y creías tener localizado, ya sabes a quién culpar.

Si del Sumiciu te quieres liberar, rézale un oración a San Antonio, pero hazlo bien o no conseguirás recuperar lo robado.

Sigue avanzando entre prados y arboledas. Es sitio propicio para encuentros inesperados. ¿Quién sabe qué o quién se puede aparecer detrás del mohoso tronco de un árbol, de entre los arbustos y helechos, o las enmarañadas sebes que en ocasiones lindan el sendero?.

El Hombre del Saco

Desciende por el camino un trecho y, si eres niño, pórtate bien, que en cualquier momento puede salirte al paso un personaje un tanto siniestro, que lleva un saco echado a la espalda, ¿sabes a quién me refiero?.

Es el Hombre del Saco, que sale de noche en busca de niños desobedientes y traviesos que en un descuido atrapa y, en un visto y no visto, mete en su saco.

La Malatería

Como si nada, has llegado a un pintoresco pueblo donde antaño había un lazareto, y que por eso ahora se llama La Malatería -edificio destinado a hospital para leprosos-, desde el que podrás ver, si el día es claro y despejado, los montes más altos de los Picos de Europa.

Admira también el centenario tejo que se alza junto a la iglesia, que es árbol que guarda sorpresas y algún misterio.

En la mitología de los antiguos pobladores celtas, el tejo -texu en asturiano- era un árbol sagrado que estaba relacionado con el tránsito de las almas de los difuntos hacia el otro mundo. Por ello, pervive en el imaginario del pueblo asturiano vinculado a iglesias y cementerios. Es, además, una planta muy venenosa, cuyas semillas portaban consigo los guerreros celtas e ingerían para suicidarse antes que caer derrotados en manos de los romanos, y así evitar la esclavitud o el suplicio.

Tras visitar el pueblo, desciende hacia la vega y localiza de nuevo el sendero. Mientras tanto, disfruta del paisaje que enmarca este bonito pueblo ganadero.

El Pataricu

El sendero se adentra otra vez en un bosque. Aguza la vista, a ver si localizas al personaje que te está observando de lejos.

Con su único ojo lo ve todo, pero de nada sirve que te escondas, ten por seguro que también te ha olido.

Sus brazos son como leños, anda en cueros y con su mano izquierda sujeta una porra, ¿sabes quién es?, pues no, es El Patarico.

Dice la leyenda que estos seres viven en un país que se encuentra mar adentro, frente al litoral que se extiende entre los ríos Navia y Eo. Son antropófagos y esperan pacientemente que algún barco naufrague y los supervivientes lleguen a su costa, ¿imaginas para qué?.

El Diañu Burllón

Si has logrado escapar, sigue caminando y no te relajes demasiado. Muy pronto llegarás al territorio de un diablillo entre hombre y cabrito, que a pesar de su pinta, no es del todo mal tipo.

Se trata del Diañu Burllón, cuya principal facultad es cambiar de aspecto a voluntad, siendo ahora cabrito, luego caballo blanco y más tarde, tal vez niño.

Para que estés prevenido, voy a explicarte ahora algunas de las tretas con las que engaña y se burla de la gente:

El Diañu Burllón es del todo inofensivo, no tiene mala intención, aunque incordiando es un bicho. Si nombras a Dios o le muestras una Cruz, desaparecerá de inmediato sin decir ni pío.

El Nuberu

Llegamos ahora a los dominios de El Nuberu, casi entrando al pueblo de Villanueva, ¡mira, ya se le ve de lejos!.

Pasa como si nada, pero ten a mano el chubasquero, que si se enoja, hará caer sobre ti un aguacero.

Es un mago feo, barbudo y harapiento, con sombrero de ala ancha, que tiene poder sobre los elementos. Manda sobre el rayo y el trueno, sobre la lluvia y el granizo. Algunos lo han visto desplazarse por los cielos sobre una nube, otros en un rastro -rastrillo de madera para la paja y la hierba- tirado por lobos y perros.

En algunos lugares se llama Reñubreiru y en otros Xuan Cabritu.

Hay varias formas de conjurarlo. Aquí tienes algunas:

Hay quien afirma que El Nuberu tiene un libro de magia que lee para producir la tormenta. Luego ascenderá a ella para dirigirla a donde le plazca y descargar una granizada, rayos y truenos

Has llegado a otro bonito pueblo llamado Palaciu (Palacio).

La casa de pueblo

Lo característico de la casa rural asturiana era su austeridad, propia de una sociedad de campesinos pobres, con pocos recursos económicos.

Es cuando el campesino se convierte en propietario y mejora su condición económica -modernización del campo, acceso a otros sectores productivos, emigración, etc.- que las casas se amplían y mejoran.

En términos muy generales, hay dos tipos de viviendas:

  • Las de una sola planta, de uso compartido -vivienda y cuadra- de espacio interior con estancias separadas por tabiques ligeros, tejado a dos aguas y ventanas principalmente en la fachada orientada al sur.
  • Las que incorporan una segunda planta, dedicada a vivienda, en las que hay una diferenciación clara de los espacios según su uso. Aparecen en la planta alta la sala y el corredor como elementos de prestigio.

Aquí podemos ver una casa rural de mampostería con corredor en voladizo, construido en madera. El corredor, dispuesto en una fachada bien soleada, se utilizaba -y aún se utiliza hoy día en muchos casos- como secadero natural para productos agrarios, como el maíz y las alubias.

La casa de Indianos

La casa indiana aparece en el mundo rural de la mano de los denominados Indianos: personas que emigraron principalmente a la América de finales del siglo XIX o principios del XX, donde hicieron fortuna.

A su regreso, construyeron casas en su lugar de origen, desarrollando un modelo arquitectónico que introdujo elementos desconocidos hasta entonces en el entorno rural, propios de las tendencias arquitectónicas que estaban de moda en las ciudades europeas.

La fachada se organiza aportando simetría a la distribución de las ventanas; el corredor se cierra con cristaleras de madera y vidrio; se organiza la vivienda en estancias funcionalmente diferenciadas: cocina, habitaciones, salas de estar, comedores, cuartos de baño, etc., algunas ausentes en el mundo rural; y se aportan elementos decorativos de estilo colonial, rememorando las casas que dejaron en América.

El Segador

Orchis Morio

Aquí tienes un personaje típico del mundo rural asturiano: el segador. Se encuentra "cabruñando" la hoja de la guadaña, acción que consiste en martillar el filo de la hoja para adelgazarlo y poder afilarlo luego mejor.

Calza los zuecos tradicionales asturianos, que se apoyan en el suelo mediante tres tacos, y que en Asturias llaman "madreñes".

En los soleados pastizales, donde el campesino siega la hierba con la que alimentará el ganado, es posible que encuentres, si estás en la estación adecuada, alguna especie de orquídea salvaje de forma inesperada.

El Cuélebre

Hemos abandonado Palacio y llegamos a Ardisana. Presta atención, que en un requiebro del camino puedes toparte con el Cuélebre, casi de sopetón.

Es una temible culebra macho, con alas que parecen de murciélago y fuertes escamas, que se come el ganado o a ti mismo si te pones a mano.

Dicen que los hay con siete cabezas, aunque no sé de alguien que lo haya visto, y que a veces exigen sacrificios humanos, ¡yo de ti, salía de ahí pitando!. Aunque si eres valiente, y no has querido escapar, su punto débil es la garganta, ¿será verdad?.

Habita en cuevas y fuentes, y custodia tesoros y princesas encantadas; si quieres quitárselos o rescatarlas tendrás que engañarle: cómo si de pan se tratara, dale a comer una piedra redonda calentada al rojo vivo, y así conseguirás matarle.

A la salida de Ardisana, visitaremos ahora un lavadero. Tranquilo, que nadie ha visto aquí un Cuélebre todavía, ¿serás tú el primero?

El lavadero

Los lavaderos eran obras civiles de mucha importancia, que facilitaban hacer la colada sin tener que ir al río, en una época en que las casas no disponían de agua corriente y mucho menos lavadoras. Las mujeres se reunían y hacían vida social mientras lavaban la ropa.

La Lavandera

Es una vieja de pelo blanco y cara flaca y arrugada, que vive en el hueco de una encina y su aparición presagia las desgracias.

Se manifiesta cuando el río se desborda, y tal vez oigas su pala golpear las piedras cuando lava la ropa en la oscuridad de la noche.

Es muy difícil encontrarla, pero si lo consigues y te pide que le ayudes a retorcer la ropa, mejor que no lo hagas; si lo haces en sentido contrario a como ella lo hace, morirás ahogado.

La Cruz de los Garabiales

El cementerio de esta zona se encontraba en el pueblo de Villanueva, en la montaña. Cuando una persona moría en el valle, debía ser subido por el empinado camino que une Riocaliente y Ardisana. A medio camino, esta cruz del siglo XVIII marcaba el punto donde las comitivas fúnebres paraban para descansar y rezar un responso.

La calzada

Descendemos ahora hacía Riocaliente por una calzada que conserva, en bastante buen estado, su primitivo empedrado.

Los antiguos caminos, en uso hasta bien entrado el siglo XX, unían las aldeas y los pueblos diseminados por el territorio, y enlazaban con los caminos reales que discurrían por los valles. Estos caminos adaptaban su trazado a la topografía del terreno, siendo su anchura, en el mejor de los casos, la de un carro, y su conservación recaía en las gentes de las aldeas.

Hoy día, su utilidad ha quedado relegada al aprovechamiento agrícola y ganadero del terreno.

El Busgosu

Bajando hacia Riocaliente, te espera El Busgosu. Es un ser entre hombre y cabra, protector del bosque y de los animales que en el viven. Habita en cuevas y lugares recónditos.

No seas cafre y respeta la naturaleza, o te verás las caras con él. Le disgustan los leñadores y rapta mujeres descuidadas. Pero también ayuda al que se ha perdido; si lo dejas en paz, no es tan mal tipo.

Así pues, si lo llegas a ver, no intentes perseguirlo, o acabarás despeñado por un barranco, ¡estás prevenido!

La Manona

Al final de la pendiente, ya en Riocaliente, te encontrarás con La Manona, plantada como advertencia contra los incrédulos que no admiten la existencia del mundo mágico, y contra los que desprecian y dañan la naturaleza.

Seguro que tú no eres de esos tipos, porque un poco antes con El Busgosu te las habrías tenido.

La Castañera

Otra figura popular en el mundo rural es la representada por La Castañera.

Desde su introducción por los romanos, la castaña ha sido un alimento fundamental en la alimentación del campesino asturiano, sobre todo antes de la llegada del maíz y la patata de América y en tiempos de escasez. Se consumía de diferentes formas: asada, cocida, en harina, etc. También se ha utilizado para la alimentación del ganado.

En otoño, coincidiendo con la recolección, se organizaba el "magüestu"o "amagüestu": reunión de personas para asar ("magostar") y comer castañas, acompañándolas de sidra dulce -jugo de la manzana recién prensada, antes de la fermentación-. Hoy continúa celebrándose esta tradición.

El hórreo

El hórreo asturiano es una construcción de madera que tiene planta cuadrada y que permanece aislada del suelo por unos pilares llamados pegollos -si tiene seis o más se la llama panera y es de planta rectangular-.

Su cubierta habitual es a cuatro aguas y de tejas, aunque en algunas zonas se utiliza la pizarra e incluso la paja. En las uniones no se utilizan clavos sino espigas de madera.

Se utiliza como almacén de grano y despensa. Al estar separado del suelo, cubierto y bien aireado, el contenido del hórreo se mantiene seco y fresco, así como alejado de los roedores.

El Jugador de Bolos

De vuelta a La Venta los Probes, verás al Jugador de Bolos.

El juego de los bolos, en sus diferentes modalidades, fue muy popular en Asturias hasta mucho después de iniciado el siglo XX.

La bolera

La bolera consistía en un lugar llano, en el que se marcaban los espacios que ocupaban los bolos y el jugador, y se encontraba muchas veces junto a la iglesia o el bar del pueblo.

Bolas y bolos solían ser fabricados por los propios jugadores.

Actualmente se vive un renacer de este juego y cuenta con campeonatos y torneos de las diferentes modalidades. Las boleras se han convertido en espacios cubiertos y mejor delimitados.

Aquí acaba el Camino Encantado, un paseo con multitud de sorpresas que te ha adentrado en una parte de la tradición mitológica y popular asturiana, en un marco de incomparable belleza paisajística.

Pero éste es solamente el principio: busca y encontrarás nuevos caminos en este fantástico lugar llamado Asturias.

Bibliografía
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17 de marzo de 2017