Las Xanas

Ondina, de John William Waterhouse.

Para quienes no lo sepáis, os diré que las Xanas somos espíritus elementales acuáticos que vivimos en fuentes y ríos, en lagos y cuevas.

Nuestro aspecto es humano, semejante a una mujer de pequeño tamaño, de gran belleza y cabellos largos y dorados que peinamos con peines de oro sentadas a orillas de las aguas que habitamos.

Vestimos largas túnicas de fino tul blanco o plateado, que lavamos en límpidas aguas y luego ponemos a secar a la fría luz de la luna.

Salimos a la superficie y nos hacemos visibles de noche, en ausencia de personas, especialmente en la noche de San Juan, y nos ocultamos cuando amanece, dejando frescas gotas de rocío sobre la hierba que pisamos.

Pasamos largo tiempo hilando madejas de fino hilo de oro, que luego lavamos y ponemos a secar a la luz de la luna. Entonces, danzamos en círculo al son de alegres canciones y allí donde nuestros pequeños pies pisan la hierba, brotan delicadas flores. Si un humano logra coger una o se apodera de un hilo de nuestras madejas, gozará de una vida feliz y dichosa.

Desfiladero de las Xanas.

Santo Adriano, Quirós y Proaza.

Principado de Asturias.

Nos gusta criar nuestros propios hijos, los Xaninos, pero al ser de naturaleza enfermiza, buscamos la oportunidad de cambiarlos por los de los humanos cuando sus madres se encuentran descuidadas lavando en el río, para que los cuiden y amamanten como si fueran los suyos, ya que nosotras no podemos hacerlo.

Poseemos grandes riquezas, objetos de oro y plata que atesoramos y disfrutamos en nuestra vida cotidiana, y cuidamos nuestro propio ganado que alimentamos en recónditos pastizales.

Nuestra voz es dulce y delicada, y encanta a los hombres que la escuchan provocando su enamoramiento. Cuando un hombre consigue vernos hilando, le entregamos una madeja y le prometemos matrimonio si es capaz de deshilarla sin romper el fino hilo oro. Si no lo consigue, hechizado como está, lo atraemos a lo más profundo bajo el agua, al lugar en que moramos, donde acabará ahogado.

Desfiladero de las Xanas.

Santo Adriano, Quirós y Proaza. Principado de Asturias.

A veces somos generosas con los hombres, les damos salud y riquezas a cambio de algún favor o les ofrecemos nuestro amor y con ellos nos casamos, aunque podemos ser terribles si nos sentimos agraviadas, causándoles males insospechados.

Los espíritus elementales de la naturaleza

Los elementos

En un intento por explicar de qué está hecha la materia, los filósofos griegos presocráticos -aquellos cuyo pensamiento filosófico no manifiesta la influencia de Sócrates, aún siendo cronológicamente posteriores a él- desarrollaron la teoría de los cuatro elementos, de cuya combinación estaría formado todo en el Universo.

Estos cuatro elementos se correspondían con los cuatro estados en los que se creía que se presentaba la materia:

Estado Elemento
Sólido Tierra
Líquido Agua
Gaseoso Aire
Plasma Fuego

Los espíritus elementales

Son aquellos seres espirituales que se suponía que habitaban en los diferentes elementos de los que se creía que estaba hecha la naturaleza.

La creencia en ellos, muy antigua, está presente en diferentes culturas, épocas y continentes. Pueblos inconexos culturalmente por la distancia creían en los mismos espíritus y los representaban de formas similares.

Estos espíritus poseían poderes mágicos y, aunque su naturaleza y aspecto diferían del humano, podían mostrarse como tales.

Ninfas, Silfos, Pigmeos y Salamandras según Paracelso

Teofrasto Paracelso (Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim), médico, astrólogo y alquimista suizo del siglo XVI, los describe por primera vez, clasificándolos según el elemento al que pertenecían.

En su "Tratado de las Ninfas, los Silfos, los Pigmeos, las Salamandras y otros seres", nos habla de "los seres de naturaleza espiritual" que "si bien tienen apariencia humana, no descienden de Adán; tienen un origen absolutamente diferente al del hombre y al de los animales", y carecen de alma porque "el espíritu no la necesita".

Estos seres "tienen cuatro tipos de moradas": el agua para las Ninfas, el aire para los Silfos, la tierra para los Gnomos y el fuego para las Salamandras.

Desfiladero de las Xanas.

Santo Adriano, Quirós y Proaza. Principado de Asturias.

Podían hacerse visibles en determinadas circunstancias y establecer algún tipo de relación con los humanos. Así, por ejemplo, las Ninfas podían tener hijos con los hombres, que serían humanos al recibir un alma del padre, y los humanos podían recibir dinero de los Pigmeos o viajar con los Silfos por el aire.

Cuando se formaba un matrimonio entre una Ninfa y un hombre, se establecía un vínculo indisoluble por el que si el marido tomaba otra mujer por esposa sin su consentimiento, la Ninfa lo mataba.

Según Paracelso, Dios creó a estos seres para que fueran "custodios de sus creaciones". Así pues, "los tesoros de la tierra, metales y otros" eran "fabricados en la región ígnea, bajo el cuidado de las Salamandras" y las Ninfas vigilaban aquellos "que se encuentran en el agua".

A las Ninfas también las llamaba Ondinas y las había de ambos sexos. Habitaban "en los ríos, cerca de los ríos donde los humanos se bañan y lavan los caballos".

Espíritus de las aguas en la mitología asturiana

Desfiladero de las Xanas.

Santo Adriano, Quirós y Proaza.

Principado de Asturias.

En la mitología asturiana el espíritu de las aguas más popular es la Xana, también llamada Encantada, Encantadora y Moura, en el occidente asturiano, e Inxana o Inxángana en el oriente, entre otros.

Otro ser presente en el imaginario mitológico asturiano, esta vez marino, es la Sirena o Serena en asturiano.

Múltiples leyendas transmitidas oralmente a lo largo del tiempo y recopiladas por diferentes autores, tienen como protagonistas estos seres fantásticos, y transcurren en lugares próximos a fuentes, cuevas, ríos y costas asturianas. Entre todas ellas, referimos aquí un par:

La Mamiuatá, un espíritu de las aguas africano

En el África subsahariana se cree en la existencia de la "Mamiuatá" -sirena en dialecto Inglés-Africano o Broken-English-, criatura del agua parecida a una sirena, que vive en el mar, los ríos y los lagos.

Su aspecto es el de una hermosa mujer de cintura para arriba y cola de pez hacia abajo.

Se muestra al hombre con apariencia totalmente humana para seducirlo y tener trato carnal con él, tras lo cual le revela su auténtica naturaleza y le exige que le sea estrictamente fiel. Si así se comporta, hace realidad todos sus deseos, de lo contrario le hace sufrir grandes penalidades y la muerte.

Otras veces, rapta personas y las lleva a su mundo acuático, donde permanecen hasta que decide liberarlos.

¡Mucho cuidado con la Mamiuatá! No es oro todo lo que reluce.

Molino en Purón. Llanes. Principado de Asturias.

Fotografía de Valentín Enrique Fernández Rodríguez

Agua, elemento de vida y progreso

Desde los albores de la humanidad el hombre ha buscado para vivir la proximidad del agua, elemento esencial para su supervivencia.

Cuando se hizo sedentario se aseguró su suministro ubicándose cerca de los ríos y de los afloramientos de agua. La vida de las personas, del ganado y el riego de las tierras de cultivo dependían de su disponibilidad en cantidades suficientes.

Valle de Ardisana. Llanes. Principado de Asturias.

Hasta no hace demasiado tiempo, la mayoría de las viviendas no disponían de agua corriente. Se transportaba utilizando cántaros y vasijas de todo tipo, y se utilizaba fundamentalmente para beber y cocinar. El agua en las cocinas y los cuartos de baño era un lujo al alcance de muy pocos y su disponibilidad se limitaba a algunas casas de personas de alta posición social.

Valle de Ardisana. Llanes.

Principado de Asturias.

Con el tiempo, los manantiales fueron canalizándose y se construyeron fuentes que facilitaban su recogida, que disponían de uno o varios caños dispuestos de manera que permitieran abocar un recipiente cómodamente. En algunos manantiales se colocaron pilones de piedra o madera para el abrevado del ganado y, en otros, pilas dispuestas adecuadamente para el lavado de la ropa, evitando así que las mujeres tuvieran que desplazarse al río, lugar donde la tarea era más incómoda. Los lavaderos evolucionaron con el tiempo hasta constituirse en espacios cubiertos protegidos de las inclemencias del tiempo.

Fuentes y lavaderos eran, además, lugares de encuentro, donde la personas hablaban de los temas de la vida cotidiana, mientras se aprovisionaban de agua o hacían la colada.

Lavadero. Rozaes, Villaviciosa.

Principado de Asturias.

Fotografía de Valentín Enrique Fernández

Rodríguez

Pero el uso del agua no se limitaba a estos fines: durante siglos, molinos, mazos de herrero, batanes y otros ingenios hidráulicos utilizaron la fuerza motriz del agua para moler el grano, forjar el hierro o trabajar los paños de lana, respectivamente. Estos avances permitieron procesar más materia prima en menos tiempo y con menor esfuerzo, movidos por una fuente de energía limpia y barata, y supusieron un avance importante en los procesos productivos.

Con los avances técnicos posteriores, estos artefactos industriales fueron reemplazados por otros que no dependían de la fuerza del agua y permitían ubicar los talleres y las fábricas prácticamente en cualquier sitio, aunque, en un principio, seguían necesitando del agua para producir vapor a presión en calderas, que movía las máquinas mediante pistones, cintas y engranajes.

Muchas de estas obras civiles y artefactos industriales han sido olvidadas y han desaparecido por innecesarios, perdiéndose un patrimonio histórico de innegable valor etnográfico e histórico.

Fuente Borres. Tineo. Principado de Asturias.

Fotografía de Valentín Enrique Fernández Rodríguez

El agua corriente hace tiempo que llega a todas las viviendas, a veces con una calidad pobre, y sigue alimentando fuentes ornamentales y estanques en nuestras plazas y jardines. Ha crecido enormemente su demanda por parte de la actividad industrial y agrícola, haciéndose muchas veces un uso irresponsable que agota, contamina o daña ríos y acuíferos.

Administrar correctamente este elemento vital se hace cada vez más necesario y perentorio. Si así se hiciese, tal vez las Xanas volverían a habitar nuestros ríos y fuentes, o tal vez no, ¡quién sabe!

Las Xanas en la toponimia

En la toponimia asturiana -nombres propios de lugares- se pueden hallar múltiples referencias a las Xanas. Así, encontraremos su nombre asociado a cuevas, fuentes y prados, entre otros lugares, donde se suponía que habitaban estas Ninfas. Veamos algunos ejemplos:

Desfiladero de las Xanas

De haberlas, un lugar perfecto para descubrir Xanas y otros seres fantásticos.

El Desfiladero de las Xanas es una impresionante garganta formada por el arroyo Viescas, afluente del río Trubia, que puede recorrerse por un sendero que discurre principalmente por su margen derecho.

Transcurre inicialmente en altura por la ladera de los montes que configuran las estribaciones de la Sierra del Aramo, a veces por tramos esculpidos u horadados en la piedra caliza, alcanzando alturas de hasta ochenta metros sobre el arroyo, y ofreciendo unas espectaculares vistas de peñas escarpadas y profundos barrancos.

Tras un par de kilómetros, camino y arroyo se aproximan y transcurren entre la vegetación de un bosque húmedo donde, entre otras especies arbóreas, crecen robles, avellanos y fresnos. Abundan los helechos y los musgos que colonizan las rocas y la madera de los árboles, formando un conjunto paisajístico de gran belleza.

En todo su trayecto, el río desciende escalonado y serpenteante, rumoroso, formando pequeñas cascadas y rápidos de agua limpia y espumeante.

Tal vez no encontremos Xanas en este fantástico paraje, pero si un lugar perfecto para disfrutar de una magnífica jornada.


Desfiladero de las Xanas. Santo Adriano, Quirós y Proaza. Principado de Asturias.


Bibliografía y autoría
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Publicación: 24 de octubre de 2017